IIIb.- La Revolución Agrarista

Venustiano Carranza no estaba de acuerdo con el giro que iba tomando el reparto de la tierra. Desde 1918 había hecho propuestas para convertir el ejido en tierras de propiedad individual pagadas por los beneficiarios.

No fue sino hasta después de la rebelión de Agua Prieta y el asesinato de Carranza en abril y mayo de 1920, durante la presidencia interna de Adolfo de la Huerta y los inicios de la presidencia de Álvaro Obregón, que se reinicia la actividad de reparto de tierras.

Esto no ocurrió de inmediato en todas las regiones de el país cada una tuvo ritmo y circunstancias distintas.

Un impulso importante al programa nacional de redistribución de la tierra lo dio la creación del Partido Nacional Agrarista, encabezado por Antonio Díaz Soto y Gama. Importantes personajes de este movimiento fueron también Aurelio Manrique, Genaro Amezcua y Pedro Rodríguez Triana.

La Comisión Nacional Agraria reactivó también sus trabajos, sobre todo en la dotación y restitución en el estado de Morelos, condición indispensable para la pacificación de lo que quedaba de las fuerzas zapatistas, a las que el gobierno de Venusiano Carranza había combatido desde 1916, culminando con el asesinato de Emiliano Zapata el 10 de abril de 1919.

Durante la década de 1920, se fueron consolidando fuerzas de campesinos agraristas en todo el país, que fueron muy importantes para el sostenimiento de los gobiernos de Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Emilio Portes Gil.

Al igual que Venustiano Carranza, Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles veían como solución al problema de la tierra la creación de pequeñas propiedades. Sin embargo, la tendencia de las propias fuerzas campesinas y sus dirigentes, orientaron el proceso hacia la creación del ejido. Agrarismo y ejido empezarían a verse como la única vía de obtener la tierra.

Los campesinos agraristas combatieron la rebelión de Adolfo de la Huerta, enfrentando a los cristeros en el conflicto religioso de 1926-1929 y contra la rebelión escobarista en 1929.